Nuestra Historia

Nuestra Historia

Contarles nuestra historia es abrir el corazón, dejarles conocer un poco de lo que hasta este momento ha sido nuestra mejor decisión, coincidencia y, ¿por qué no?, certeza; certeza es lo que siempre hemos tenido con respecto al otro, esa sensación de sabernos queridos de manera especial desde el primer momento.

Empecemos por decir que, si bien nos llevamos un par de añitos y no éramos de la misma generación, siempre supimos de la lejana existencia del otro, al ser del mismo lugar, ya que nuestras familias se conocían.

En Garzón nunca coincidimos; la diferencia de edad hizo que no compartiéramos amigos, colegio ni momentos en común, hasta que, al pasar algunos años, en los cuales Mapita creció y Fede se mantuvo joven, un buen día cada uno notó la existencia del otro. No como a quien conoces por primera vez, sino como a quien por primera vez notas. Te das cuenta de que ya no tienen tan poco en común y empiezas a querer que sean amigos, lo que te despierta una sensación de “tal vez”.

Eso fue justamente lo que nos pasó en 2015. Como muchas historias recientes, un buen día de fiesta nos vimos, supimos del otro y, de ahí, entre los likes y las conversaciones por Facebook de “Hola, ¿qué más?”, empezamos a ser amigos, a querer conocernos y a indagar si realmente algo sucedía o si era solo una atracción efímera de la juventud.

Después de un par de conversaciones, coincidimos en una fiesta de San Pedro. Ahí, Fede invitó a bailar a Mapi sin darse cuenta de que los separaba la barra del DJ de un bar. Sin miedo al éxito y para la sorpresa de Camilo, la nena, sin pensarlo, saltó la barra (había más espacio del lado de Fede) y empezamos una noche en la que no dejaríamos de hablar, reírnos y bailar juntos.

Todo hasta allí y en la comodidad de Garzón iba bien, anotando, claro, que los dos vivíamos en Bogotá y estábamos allí de paso por San Pedro. El asunto se complicó al volver, en medio de la fiesta y la felicidad, no caímos en cuenta de que aún seguíamos estando en dos momentos diferentes de la vida y que, cuando cada uno llegó a Bogotá, las rutinas de cada quien no iban muy alineadas a las del otro.

Mapi, estudiando en la universidad, con horarios propios del mundo médico, y Fede, trabajando por su pensión, en horarios muy de quien ya trabaja y se va haciendo un adulto responsable. Creo que aquí ya todos notaron el punto: no prosperamos, a pesar de los intentos, las buenas charlas por chat y una cita fallida a la que Fede llegó de saco y corbata a ver a su universitaria (no alcanzó a disfrazarse de joven antes de la cita). Llegó tarde porque el carro se pinchó, Mapi se desinfló al ver al adulto con el que iba a salir y no al joven con quien estuvo de fiesta. En fin, todo salió mal, aunque vale la pena decir que hubo momentos. Si bien todo nos decía “huyan”, también algo ya había empezado a surgir, un sentimiento de algo especial, algo en el otro, esa certeza de algo que, sin saber qué era, hacía que nos sintiéramos conectados el uno con el otro.

Como es de esperar, y menos de un mes después, todo se enfrió. De a poco fuimos dejando de hablar y cada quien retomó su vida como si hubiera sido solo un amor de verano.

De ahí en adelante, las redes sociales fueron el único tipo de contacto. Mapi cumplía años, Fede la felicitaba; Fede cumplía años, Mapi lo felicitaba. Todo virtual: un mensajito y ya, tal vez de vez en cuando un like en una foto, sin ninguna pretensión por parte de nadie.

Así pasaron los años, sin pena ni gloria en esta historia conjunta, hasta que un 15 de septiembre, Mapi, en un momento de valentía (creemos que de presentimiento), llamó a Fede por su cumpleaños. Él, al ver quién llamaba (aún tenía el número guardado), decidió contestar sin apuro, con un simple “¿Aló?”, tratando de sonar tranquilo. Mapi le dio un saludo y sus felicitaciones (que eran la excusa perfecta para volver a hablar) y a lo que Fede respondió con un calculado “¿Quién habla?”. De ahí, ya la conversación fluyó, al punto de acordar ir por un café juntos. Aquí, siendo sinceros, Mapi accedió por ser cordial; creía que no sucedería. El antecedente no era bueno, ya habíamos fallado una vez.

Así pasaron los meses y, por coincidencias del destino, Fede se dio cuenta de que Mapi estaba en Garzón en unos días poco habituales para estar allá y la llamó para recordar su “café pendiente”. Mapi respondió muy segura y pensando que Fede estaba en Bogotá: “Oye, me encantaría, pero imagínate que estoy en Garzón”. Lo que no sabía es que Fede también estaba allí y que no había cómo decir que no.

Fuimos por nuestro café pendiente y ya no había diferencias. Ya nos sentíamos en un mismo punto, con la madurez suficiente y la chispa para intentarlo una segunda vez. Las cosas fluyeron, y en adelante, las conversaciones se hicieron más frecuentes, las salidas a comer más interesantes y, de repente, casi sin darnos cuenta, ya estábamos enamorados el uno del otro.

Al poco tiempo del café que lo cambió todo, un 16 de febrero de 2021, Fede hizo la pregunta que lo cambiaría todo. Ese día, nos hicimos novios. Desde el primer momento, todo se sintió en su lugar, nuestras personalidades encajaban. Inexplicablemente, había una complicidad y una comodidad de quienes llevan un largo tiempo juntos.

En nuestra siguiente ida a Garzón, Carlos Fernando tuvo su momento, el que había esperado ya varios años. Le dio “la charla” a Fede, una conversación de esas que ya casi no suceden. Dijo que Fede era bienvenido, pero que debía tener claro que Mapi era alguien especial, que esperaba respeto y las mejores intenciones. Esa, como versión resumida, marcó lo que, en adelante, para Fede significó sentirse en el lugar indicado, pensando en el futuro y viéndose allí con Mapi.

La relación continuó. Si aún están leyendo esto, sabrán que ha sido muy tranquila, que nos complementamos, que tan cómodos como nos vemos, nos sentimos juntos. Que hemos ido construyendo el equipo de a poco, sin prisa, apoyándonos en lo laboral, en lo académico y, principalmente, en crecer juntos.

También hemos ido madurando y ganando paciencia. Aprendimos a liberar nuestros temores con el otro y así, todo estaba claro. No había duda. El 1 de octubre de 2023 nos comprometimos y decidimos pasar el resto de nuestra vida juntos.

Al principio, el día de nuestra boda parecía una fecha lejana. Nosotros no teníamos afán, ya el proyecto iba andando, teníamos que dar algunos pasos previos. Hoy, aquí estamos, en las puertas del sí definitivo, con la certeza de que estábamos destinados a estar juntos.

Hoy, 31 de mayo, 10 años después de nuestro inicio, empieza la tercera temporada: Toleduss2025.